Retorno al viaje
.. que nunca acabó
Mucho tiempo sin escribir sin más, no por trabajo. Hoy en el Metro recordaba que todo esto empezó porque Luluína (Andrea Martos para el mundo) me pidió que escribiera para compensar las conversaciones que no podíamos tener ella allí y yo aquí.
El semestre terrorífico termina. Mucho aprendizaje. Por ejemplo: sigues abarcando más de lo que puedes, sigues teniendo problemas para gestionar tus prioridades adecuadamente (haz ejercicio), sigues llevando fatal las fiestas multitudinarias (y un poco mejor las otras), sigues teniendo capacidad para aprender acerca de cosas (como dar clase de Microeconomía o de Historia del Pensamiento Económico) que llevas haciendo más de 20 años, sigue poniéndote lo más grande emprender nuevos proyectos intelectuales pero eres un horror con la burocracia. Sigues siendo el mismo caos que cuando perdías calcetines, verdugos, babis y la servilleta del comedor.
Las clases terminan esta semana y mis exámenes son los primeros de todos. Y espero quedarme libre el 20 con las notas subidas. Quiero tiempo para no leer, no pensar, no solucionar. Necesito aburrirme paseando y viendo pasar a la gente sentada en un banco, o en un café.
Mirarme y atenderme es todo un viaje, porque no estoy acostumbrada. Me cuido sólo cuando estoy enferma. Así que mi principal ocupación es aprender a cuidarme ahora que estoy sana. Achacosa, pero sana.
Por eso retorno al viaje de ser mejor persona conmigo. Con los demás ya lo intento. Aunque reconozco que en redes, en ocasiones, me come la impotencia y soy más arisca. Y borde. Pero aún me contengo. Yo sería mucho más borde y macarra todavía. Por eso me molan los gamberros como Montano.
Esa cámara de eco es real pero no es toda la realidad. Tampoco lo es mi familia y amigos, ni mi barrio, ni mi ciudad. La realidad es mucho más amplia: es todo lo que yo quiera ver. De manera que siempre tenemos un escape. Siempre hay algo bello en lo que fijarnos: es cuestión de enfoque. Hay que prestar más atención a lo que nutre y menos a lo que destruye. A ver si lo logro…



Gracias
María. Las fiestas multitudinarias son fatales, para mi está muy bien llevarlas así, es lo normal, los anormales son los que disfrutan de esa espantosidad. Creo. Yo ya no voy y no siento culpa. Bueno, quizá a veces un poco, y me automachaco, que soy antisocial y que a donde voy a llegar de esta manera, etc. Luego, la burocracia es un horror, así que otra a favor. Cuando no se soporta uno está sano, se busca otro camino e igual se llega. Eso hago, que aún en camino, pero vístanme despacio. Y, finalmente, el caos es la natura, lo otro intentos vanos de domar a lo indomable. Cuando me domo soy un soso pedazo de pata de madera de banco viejo. Flamea. Un abrazo desde Argentina.