Quién te ha visto...
... y quién te ve.
El devenir de los tiempos, cuando has recorrido ya un buen trecho de tu vida, te enseña que la conveniencia y el cinismo, que son hermanos siameses, provocan uniones imposibles.
Yo perdí a uno de mis mejores amigos por pertenecer a una organización. Hoy su marido presenta un libro escrito por un miembro de esa organización. Mañana serán todos ellos amigos de quién sabe qué personaje anteriormente detestado.
Y yo, educada en el más puro maniqueísmo de buenos y malos, he tenido que aprender. Que los malos no lo son tanto, o no siempre, o no todos, me resultó muy fácil. Por poco que reflexiones acerca de tus errores, la consciencia de la propia humanidad facilita la comprensión y la compasión hacia el otro. Y, por si fuera poco, casi simultáneamente, abracé la convicción de que el error ajeno (ideológico o de otro tipo) no es una ofensa, ni cuestiona mi punto de vista. Los otros tienen matices. Prueba superada.
Pero no llevo muy bien el caso opuesto. Ese “compañero (o compañera) de trinchera” que no es lo que parecía, que simplemente está aquí porque no tiene futuro en otro sitio, porque es en este charco donde mejor camufla su mediocridad. Esos otros compañeros cómplices que un día te advierten que esta persona es la típica “trepa” pero que, además, lo es pisando las cabezas de quienes le ayudan, y que a los pocos meses están compadreando y ensalzando a la misma persona de la que te prevenía, ante mi estupor.
No sé. Se me queda cara de gilipollas. Iba a evitar esa palabra y sustituirla por una más poética, pero perdería veracidad. Se me queda cara de gilipollas porque me siento profundamente gilipollas. Y cuando lo comentas con “tus mayores” (no necesariamente en edad, sino en entendimiento y sensatez), ves cómo, de repente, un halo de cinismo y conveniencia comienza a rodear su figura. Entonces te hablan de la causa, la batalla, el enemigo, y te convencen de que esto ha sido así siempre. Alguno te explica que el 90% de la gente es estúpida y que, ante esa verdad, sólo cabe el cinismo. Definitivamente, soy gilipollas.
Luego aparecen quienes te preguntan por qué no te expones más, por qué no vas a tal acto o a este otro. Te has creado la fama de estar siempre ocupada, siempre trabajando. Es real, estoy siempre ocupada y siempre trabajando. Pero hay algo más. Hay desencanto y soledad. Sin dramas. Porque eso también es aprendizaje y seguir aprendiendo es un privilegio y una droga para mi curiosidad.
Con todo y con eso, en este 2026 inicio un proyecto ilusionante, a mi modo, con muy buena gente y que saldrá para febrero. Vuelve Ruido Blanco.



"Pero no llevo muy bien el caso opuesto. Ese “compañero (o compañera) de trinchera” que no es lo que parecía, que simplemente está aquí porque no tiene futuro en otro sitio"
Yo no lo he superado nunca y creo que no seré capaz.