Filosofía de (todo) el mundo
A propósito de Javier Gomá
Esto no puede ser una crítica literaria, ni teatral, por tres razones: porque no soy crítica, porque no tengo esa intención y porque, probablemente, ya se ha escrito todo lo que se puede escribir de “Filosofía Mundana”, de Javier Gomá. No sé a quién se le habrá ocurrido la idea de presentar una serie de microensayos, pensados y escritos para ser publicados en un libro, en escenas de una obra de teatro. No sé cuánto tiempo se pasó el equipo dándole vueltas al cómo, a la escenificación, a los colores, a los actores, al tono del discurso.
Confieso que fui milagrosamente porque encontré una entrada solitaria en la cuarta fila dos horas antes de la función dominical. Fui afónica, cansada y con frío. También tengo que reconocer que leo, aunque menos de lo que me gustaría, a Javier Gomá y creo que le tengo pillado el punto, por lo que tampoco esperaba encontrar novedades. Efectivamente, algunas de las escenas ya las había leído y, aún así, me sorprendieron. Y me sorprendió que me sorprendieran.
Fui también dispuesta a defender mi voz interior de lectora frente a las voces de los actores que interpretaban los monólogos. “Yo leo (para mí comprensión) mejor que ellos”.
Y no. Mi voz interior que interpreta lo que leo lo hace muy bien. Pero los cuatro actores añadían matices que, de otro modo, me habría perdido. Los silencios y las miradas dicen mucho, son otra forma de prosa. Y, a veces, de poesía. Los cuatro actores están magníficos, cada uno en su rol, pero interactuando sutilmente, de forma que no queden los textos desangelados. Y de fondo, como el cemento que todo lo une el jardín oriental de Covadonga Villamil, que se va componiendo, pieza a pieza, pausadamente, como se compone la filosofía de vida de cada uno, pensamiento a pensamiento.
La obra es, ante todo, filosofía mundana, es decir, para todo el mundo. Mientras disfrutaba de la originalidad del espectáculo pensaba que muchas de las reflexiones que Javier plantea responden a preguntas que todos tenemos en nuestro interior. Unos las tienen en un lugar prominente. Otros en un rincón. Pero están. Y Jorge, Marta, Pepe y Laura simplemente nos presentan una posible respuesta o una nueva manera de preguntar lo mismo, como quien renueva la casa pintando las paredes o cambiando los muebles. Es la misma casa, pero diferente.
No pude evitar pensar en la posibilidad de hacer algo parecido con los seis pensadores económicos más importantes. Sean muy conocidos como Adam Smith, Karl Marx, John Maynard Keynes, Friedrich von Hayek , o sean menos conocidos como Anthony de Jasay o Frédéric Bastiat. ¿Lograríamos la atención de nuestros alumnos?
Enhorabuena a Javier Gomá, a Luis Luque, director de la obra, a los actores, a Covadonga y quedamos a la espera del próximo experimento.


